Esperabas que te hablase desde
incontablesdías, Coruña amiga.
Recuerdo que fue de noche cuando
nos conocimos, y te vi tan triste,
al pasar el puente que homologué
contigo mi alma entera en una promesa,
y sigue latente en espacio y tiempo.

Supuse por mi mismo tu tormento
y te ofrecí algo: mis brazos,
lo que tengo.

Aquella noche aún era de consumeros
y las vibraciones se helaban en el aire,
griterío sordo en cada átomo por sagitales
al núcleo del alma.

Y si, transitaba gente de un lado
a otro para no morirse.

Callé sin olvidar los lustros de ausencia
amarga de tus banderas, y recordé
los mástiles y tus mujeres exhibiendo
los tres colores al viento.

Por los libros conocí tu historia
de de oídas sé de tus héroes ignorados
que abatió el cañón desde la Dársena.

Y hay mástiles rotos y huellas de bustos,
esfinges torturadas, y también en mi alma
esta noche, amiga Coruña, está la llaga
viva de tu amarga historia.

Y ahora, entre nosotros dos, no es
por aquellas fechas, condicional la vida,
tu lo sabes, recuerda…

Yo venía de muy lejos
de reivindicar tus héroes
en guerras, guerrillas
y cárceles de muchos años,
y aún estamos sin bandera
de Tricolor ahora, Coruña amiga;
pero ya la tendremos.